Eucaristía de Reyes en Daroca

El día 6 de enero celebramos la eucaristía con D. Ángel Pérez Pueyo en el centro penitenciario de Daroca. Se aprovechó la ocasión para entregar a todos los internos las tarjetas de llamada telefónica que se habían recogido durante la Navidad para que todos tuvieran la oportunidad de ponerse en contacto con sus familias.
D. Ángel Calvo nos ha hecho llegar su reflexión, a la vista de una homilía del Papa Francisco, que aprovechamos para enviaros:

Los Reyes Magos me pusieron un regalo superguay: oír misa en la cárcel de Daroca dicha por el obispo de Barbastro. Te digo oír porque no me gusta concelebrar allí: me gusta más estar con los presos que con los curas. El obispo estuvo fenomenal (debo estar perdiendo facultades: ¡yo alabando a un obispo!) No predicó ideas teológicas caducadas. Habló en directo a las personas, con lenguaje comprensible, explicando los gestos que hacía. Invitó a los presos que había en misa a hacer la vida más llevadera a los demás. Y si no lo hacéis a la próxima vez que venga ¡os rajo! Se reían. Por cierto, en las preces un interno pidió por los misioneros. Otro que no vino a misa me enseñó un nuevo testamento que le había dado en una cárcel de Asturias Sor no se quién. El lobo siempre será malo si solo escuchamos a la caperucita.

Se lo pasaron bien. Luego recorrimos toda la cárcel, menos los chabolos (así llaman a las celdas) para dar a cada uno de los casi 300, una tarjeta de teléfono de 5€.

El Papa Francisco da mucha importancia al sentido del tacto: a los pobres hay que tocarlos. Tocar da dignidad, es algo que sana. Los evangelios dicen “Jesús le tocó”.  Al lado del obispo, di la mano (o un abrazo) y dije alguna frase corta a unos 200 con la sensación de que ellos me daban dignidad a mí. Cada mano tenía un tacto especial y cada mirada era distinta. La teología dice que esto es tocar la carne de Cristo. No seguí porque  me mareaba un pelín. En la Iglesia se le tiene miedo al tacto y hasta al contacto (todo es pecado). Las formas de dar las tarjetas se podían calificar como paternalistas pero, dada la circunstancia, no había otra posibilidad. Cuando fui a comer decidí no lavarme las manos; me parecía que era como decir que lo hecho por la mañana había sido teatro.

Necesitaba algo así y volví contento (te oigo que dices: pues ya es raro con lo raspa que eres) Menudo rollo te he soltado. Un abrazo mutuo y gracias por ser así.

Y aquí está un resumen de la homilía del Papa:

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- Jesús tenía autoridad porque servía a la gente, estaba cerca de las personas y era coherente, al contrario que los doctores de la Ley que se sentían príncipes. Así lo ha indicado el papa Francisco en su homilía de este martes en la misa celebrada esta mañana en Santa Marta. Frente a estas características de Jesús, ha precisado, los doctores de la ley enseñaban con autoridad clericalista, separados de la gente, no vivían lo que predicaban.
La autoridad de Jesús y la de los fariseos son los dos puntos sobre los que se ha centrado la homilía del Papa. Una es una autoridad real, la otra formal. En el Evangelio del día –ha explicado Francisco– se habla del estupor de la gente porque Jesús enseñaba “como uno que tiene autoridad” y no como los escribas. Así, ha recordado que “eran las autoridades del pueblo” pero lo que enseñaban no entraba en el corazón, mientras que Jesús tenía una autoridad real. No era “un seductor”, enseñaba la Ley “hasta el último punto” enseñaba la Verdad pero con autoridad.
De este modo, durante su homilía, el Papa ha reflexionado sobre tres características que diferencian la autoridad de Jesús de la de los doctores de la Ley. Tal y como ha observado el Papa, mientras que Jesús “enseñaba con humildad” y dice a sus discípulos que “el más grande sea como el que sirve: se haga el más pequeño”, los fariseos se sentían príncipes.
Jesús –ha explicado el Pontífice– servía a la gente, explicaba las cosas para que la gente entendiera bien, estaba al servicio de la gente. Tenía una actitud de servidor, y esto daba autoridad. Pero la mentalidad de los doctores de la Ley, ha advertido Francisco, era “nosotros somos los maestros, los príncipes, y nosotros os enseñamos a vosotros”. No era servicio sino “nosotros mandamos, vosotros obedecéis”. Y Jesús –ha subrayado el Papa– nunca se ha hecho pasar por príncipe, siempre era servidor de todos y esto es lo que le daba autoridad.
La segunda característica es la cercanía. Así, Francisco ha precisado que ese estar cerca de la gente lo que da autoridad. “Jesús no tenía alergia a la gente: tocar a los leprosos, a los enfermos, no le hacía estremecerse”. Mientras que los fariseos despreciaban a la pobre gente y ellos paseaban por las plazas, bien vestidos. Estos doctores, ha asegurado el Papa, enseñaban con autoridad clericalista.
Y un tercer punto que diferencia la autoridad de los escribas de la de Jesús es la coherencia. Jesús –ha subrayado el Papa– vivía lo que predicaba: había como una unidad, una armonía entre lo que pensaba, sentía, hacía. Mientras que quien se siente príncipe tiene “una actitud clericalista”, es decir, hipócrita, dice una cosa y hace otra.
En esta línea, el Santo Padre ha recordado que Jesús, que es humilde, que está al servicio, que es cercano, que no desprecia a la gente y que es coherente, tiene autoridad. “Y esta es la autoridad que siente el pueblo de Dios”, ha añadido.
Para concluir el Santo Padre ha recordado la parábola del Buen Samaritano. Delante de un hombre dejado medio muerto en el camino por los asaltantes, pasa el sacerdote y se va quizá porque hay sangre y cree que si lo toca, se convierte en impuro. Pasa el levita y –ha observado el Papa– creo que pensó que si se mezclaba tendría que ir después al tribunal a declarar y tenía muchas cosas que hacer. Y también él se va. Y finalmente el samaritano, un pecador, es el que tiene compasión. Pero, ha añadido Francisco, hay otro personaje, el posadero. Este hombre no se sorprende ni del asalto ni del comportamiento del sacerdote o el levita, sino por el del samaritano. Podía pensar, “este está loco”, “no es judío, es un pecador”. Así, el Papa vuelve al estupor de la gente del Evangelio de hoy frente a la autoridad de Jesús: “una autoridad humilde, de servicio”, “una autoridad cercana a la gente” y “coherente”.